Si tuvieras la oportunidad de poder de remendar los errores
que has cometido en tu vida ¿de cuántos de ellos te desharías? ¿Cuántos de
ellos seguirían ahí porque te han enseñado algo que no quieres olvidar? ¿O
cuántos de ellos cambiarías al tener la experiencia que hace años creías tener
pero ahora sabes te faltaba? ¿Serías tan valiente de denegar esa oportunidad y
aceptarías todo en lo que te has equivocado?
Cuantas veces ese tipo de preguntas rondan en nuestra mente.
Cuantas veces nos arrepentimos de las decisiones que tomamos y desearíamos
volver a tomarlas. Ser tan sabios como somos ahora, con un par de años más de
experiencia que años atrás, para no volver a repetir ese tropiezo. Para evitar
esas lágrimas que tanto dolor nos causaron, ese arrepentimiento de no haber
gritado a todo el mundo lo que realmente sentías o ser sincera y negarte a
hacer algo que luego te trajo problemas poco después. Evitar que aquella tan
preciada relación con un amigo, familiar o ser amado se haya estropeado. Haber
podido decir mucho más seguido un te amo a esa persona que ya no está contigo.
Negarte a esos enojos que no te llevaron a nada bueno y solo te quitó momentos
preciosos con quienes querías.
¿Qué estaríamos dispuestos a entregar por corregir ciertos
errores que nos pesan en la memoria? ¿Qué deseamos con todo lo que somos no
haber cometido? ¿Darías lo más preciado que tienes ahora solo por corregir algo
pasado? ¿Sacrificarías todo lo que has luchado por ello?
Después de todo, esos errores también forman parte de tu presente,
de lo que eres y lo que construiste en base a ellos. Piensa claramente y dime
¿qué cambiaría sin ellos en tu camino? ¿Un peso menos de encima o toda una vida
podrían caer por un solo error repuesto? ¿Estarías dispuesto a perderlo?
Somos humanos y los errores nos traen la tan preciada
experiencia que muchas veces en años pasados nos faltó. Creíamos que éramos
sabios y que todo lo que sabíamos estaba bien. Pero vimos muchas veces que las
cosas no son así. Que las personas engañan, que las apariencias no son lo que
uno creía y que a veces lo que tú ves como mal no quiere decir que lo sea o que
las acciones ajenas, aunque no sean como las tuyas, no están mal si se hacen
con corazón en ellas.
Pero aprendiste eso y mucho más a base de prueba y error, de
tropezones de los cuales te levantaste con la frente en alto, aprendiendo a ver
mejor por el camino por donde transitas, a pensar mejor con quién confías tus
secretos y a quienes realmente le puedes dar tu mano en confianza. Aprendiste
que las lágrimas sanan aunque duelan y que las cicatrices son recordatorios de
cada batalla perdida pero cada experiencia ganada. Cada pequeño error algo
positivo consigo trajo, una alegría floreció luego de la tormenta que
sobreviviste solo y asustado. Te levantaste y sonreíste, apreciaste tus errores
y quisiste lo que cada uno de ellos trajo.
¿Podrías ahora pensar en remediar cada uno de ellos?
¿Podrías pensar que no son necesarios en la vida? ¿Podrías negar que el dolor
que en ese momento sufriste no solo te benefició sino que te hizo más fuerte y
más sabio? ¿Podrías ahora afirmarme que
aceptarías la oportunidad de corregir tus errores?
No hay comentarios:
Publicar un comentario