Me pregunto si seré la única que se cuestiona la forma de
amar hoy en día. Donde vale más un mensaje contestado al momento de ser
recibido que una charla amena en un café o cuando el tiempo apremia. Cuando los
celos se volvieron los que controlaron nuestros sentimientos y por los cuales
no confiamos siquiera en esos amigos inseparables que tu amado tiene. Donde las
palabras pueden ser engañosas y la confianza ya no existe porque nadie quiere
darle valor.
¿Dónde están esas ansias de una llamada sorpresa, una visita
inesperada o una carta hecha de puño, letra y corazón en la mano que tanto
enloquecían a las personas años atrás? ¿Dónde está el apoyo que juraron ser
cuando los tiempos se hicieran difíciles y ásperos? ¿Acaso necesitamos estar 24
horas junto a quien amamos para confiar en ellos, de saber que somos los únicos
en su vida? ¿Tan dañados nos ha dejado la sociedad para vender amor en mensajes
de texto, cosas superficiales y palabras sin sentimientos, de exigir una
contraseña en una red social porque nos sentimos inseguros de la compañera o
compañero de trabajo, escuela o facultad? ¿Desde cuándo se comenzó a vender el
amor en canciones que suenan en la radio o en novelas baratas que solo hacen
más que intoxicarlo y rebajarlo a algo burdo y sin sentido?
Vivimos tan acelerados que ni siquiera se quiere invertir el
tiempo en la persona que se ama, que con un mensaje escrito o de voz estaremos
cumpliendo con nuestras “responsabilidades”. Que ya no es un acto puramente de
amor, sino de obligación. Ya no se quiere, como quien dice, por amor al arte,
se quiere por obligación, por soledad y por imposición social. Por no ser menos
que los demás, por querer quemar etapas y lastimar personas ante la inmadurez
que en muchas personas aún habita.
¿Es acaso ese el amor que queremos dejar a nuestras
generaciones futuras? Donde los verdaderos amantes se ocultan y aman a
escondidas, donde los sentimientos son volcados en hojas de papel que con el
tiempo se perderán y olvidarán. Cuando se prefiere engañar porque algo falta en
esa persona que amas en vez de hablar de frente los problemas y solucionarlos.
Rompemos y no buscamos arreglarlo pues encontraremos un nuevo juguete, alguien
a quien amar y destruir o en donde seremos destruidos por un amor que ya no es
amor, que es un juego. Un juego donde se ven personas como trofeos, un número
burdo en una lista de conquistas que serán olvidadas y ninguna significativa.
Que dejarán vació en tu alma y un dolor en tu pecho, que nada podrá ser tan
cálido como el amor que se prometía antes. Un amor de años, que se construía
poco a poco. En donde las discusiones eran cuenta frecuente pero se
solucionaban, se hablaban y, aunque costará, se salvaba. ¿Acaso este es el tipo
de amor que queremos para toda nuestra vida? ¿Arrepentimientos, cartas que
jamás fueron entregadas y sentimientos olvidados en un cajón lleno de polvo por
miedo al rechazo?
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