domingo, 15 de junio de 2014

Freedom of true.

Muchas veces pienso que el actuar de las personas es por demás un acto curioso ¿no lo creen? Suelen suceder que, sin dar cuenta de ello, realizamos faltas que para quien convive en nuestro entorno, son faltas graves y uno no se da cuenta de que las ha llevado a cabo cuando ya es tarde, todo está arruinado y las manos del olvido ya han hecho su labor.  Sin duda es un tema por demás conflictivo. Para algunos, lo que hizo mal, no es una señal de mal trato hacia la otra persona, es algo común en la vida de sí mismo, pero para los demás no. Pero acaso, no hemos estado, muchos de nosotros, en el lugar de perdonar hasta lo imperdonable, de dejar pasar faltas mucho más grandes que las nuestras. ¿No hemos puesto una sonrisa conciliadora en nuestros rostros, para ocultar el dolor de esa decepción, y de nuestros labios broto un “todo está perdonado” llevando en nuestras espaldas el peso de ese error sin reprochar nada?
                Muchos perdonamos solo por el acto de no herir a esas personas que son preciadas para nosotros, ya sea una pequeña mentira o ocultar ciertas cuestiones que son por demás hirientes. Pero el motor de ese perdón infinito, es el aprecio, el querer y el amor hacia esas personas. Llegando a este punto, uno piensa que todo ser, si siente ese sentimiento cálido hacia otra persona, sucederá lo mismo, terminando en un total desengaño a la hora que se produce un pequeño desliz que no es perdonado. ¿Acaso no recuerdan todas esas ocasiones que quedaron en el pasado y sin reproche alguno? Pareciera que no. Que esas personas solo viven el momento y no suelen pensar en los demás. Demuestran sentimientos egoístas que dañan más de lo que suelen pensar.
                Suelo tener en mente muchas veces, cuando logro ese pequeño lugar de meditación y tranquilidad, la pregunta de cómo sería tener ese tipo de sentimientos. Pero dudo que pueda hacerme a su idea, admitiendo que en ciertos ámbitos soy egoísta, no puedo dejar de pensar primero en los demás que en mi misma. No puedo hacerme a la idea de no dejar pasar una mínima falta solo con la excusa de querer a alguien y quitarle un peso de encima.


viernes, 14 de marzo de 2014

Broken Glass

Te encuentras sola en un cuarto de espejos rotos, todo se a derrumbado a tu alrededor, todas las heridas que luchaste por mantener cerradas se han abierto y unas nuevas se han creado por los vidrios que estallaron a tu alrededor. Tu mundo se derrumbó una vez más, no puedes creer que luego de tanta lucha y tanto esfuerzo por restaurar eso que tu creías realidad volvieran a estallar en fragmentos mucho más pequeños y más dolorosos, pues claro, ya son más difíciles de quitar ¿no lo crees?
No puedes hacer más que dejarte caer sobre tus rodillas, sintiendo como los cristales se van abriendo paso por tu piel, dejando una salida libre a ese líquido vital que recorre tus venas, ¿no es algo aliviador ese dolor? Siempre creíste que esa era una manera de alejar todo el peso de tus hombros mediante aquel método, y continuabas realizándolo porque nadie se daba cuenta de ello, aun cuando no cubrieras las marcas. Y eso te hacía sentir más sola, nadie se preocupaba por ti, nadie te prestaba la debida atención. Hundiéndote en un pozo de soledad y depresión.
Fuiste acostumbrándote a esas dos grandes amigas que te quitaron todo el sentimiento bello de lo que significaba vivir, te dejaste guiar por una visión del mundo sombrío y negativo. Te reconstruiste a base de esas mentiras, sonriendo sin sentir realmente esa sonrisa, pues tus ojos eran fríos e inexpresivos. Un cuerpo sin alma alguna, sin esperanza, sin futuro. Poco a poco eso te dio fortaleza, pudiste dejar aquel pozo en donde te encontrabas, pero aún preferías el seguir una vida solitaria.
Cada día avanzabas un poco más, pero aún sin confiar en nadie. Sabías que hay secretos que solo tú debes conocer. No deseabas que todo se volviera a repetir, después de todo aún tus heridas estaban latentes en ti. No querías ayuda, siempre caminaste sola ¿por qué había de cambiar eso? Si con un “todo está bien” podías ocultar todo lo que dentro tuyo se encontraba, alimentando tus miedos y demonios, que nunca pudiste combatir.
Todo cambió al momento que tus heridas sanaron y entre promesas de un cielo azul te dejaste llevar. De pronto tus alas crecieron y por primera vez sentías que nadie ni nada podía volver a hacerte daño, disfrutabas de la suave brisa sobre tú rostro. No importaba si era de noche o de día, tu solo disfrutabas de esa libertad. Luego de tanto tiempo rompiste esas paredes que te alejaron de todo, volviste a palpar por completo tus sentimientos, ya la frivolidad había quedado atrás. Habías olvidado todo el dolor que te había acogido por tanto tiempo.
Pero no sabías que ello te llevaría nuevamente a tu prisión, a aquel cuarto oscuro en donde tanto tiempo habitaste. De un momento a otro tus alas se te fueron arrebatadas y volviste a caer. Y aquí volvemos al inicio, entre llantos vez los pedazos de espejo roto, cada uno refleja un recuerdo distinto. Cada uno te trae un sabor más amargo que el anterior. Menos tratemos de describir lo que sientes cada que quitas un trozo de tu piel, esos son los recuerdos más dolorosos, irónicamente son los que más valoraste, los que más disfrutaste.
Uno a uno los quitas, sintiendo la rabia brotar de tu alma, quieres tirar todo ello lejos, que choquen contra la pared y se destruyan para que puedas olvidarlos. Pero no puedes, algo en tu interior te impide que lo hagas. Sí, estás en lo correcto, son las emociones que una vez congelaste pero están impresas en cada momento que pasaste, porque fueron los momentos donde ellas volvieron a la vida, con fervor y con energía. Terminas por resignarte a tu deseo, solo quitas los cristales de tu cuerpo y los dejas a un lado, sin ver ninguno.
Solo te quedas quieta una vez todo fragmento ha sido retirado de tu cuerpo. No te interesas si estás cubierta de carmesí, solo te dejas sumir en el llanto, una vez esas heridas sanaron y lo volverán a hacer. Piensas que es cuestión de tiempo y te dejas abrazar nuevamente por tu vieja amiga, soledad. Tiene un abrazo muy frío y, ciertamente, mucho más doloroso que el de tus recuerdos. Aun así no te interesa, solo quieres sentir que alguien te acompaña, y ella es bien recibida.



Si después de todo ella fue tu primer amiga. 



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