Nos llaman insensibles, nos tacha de no tener corazón, nos
gritan que somos crueles, que no hay sangre que corra por nuestras venas. Que
no somos humanos, que no sentimos y no nos expresamos. Las lágrimas no corren por
nuestras mejillas y que al tomar riesgos somos calculadores.
No nos importa el qué dirán, que nos griten, que nos
discriminen y que nos cacen. No reaccionaremos, somos así, pierda por fuera y
una cara de póker en nuestros rostros. Pero lo que no saben es que nosotros
gritamos en silencio, sangramos y lloramos por dentro, la sangre corre desbocada
por nuestros cuerpos y se derrama en tinta.
Tinta sobre papel que se convierte en nuestra voz, en
nuestros sentimientos y verdades. Tinta que nos identifica y que nos convierte
en humanos a manos de quienes descubren nuestros relatos. Sentimos y lo
demostramos entre letras, papel y tinta.
Tinta que nos recibe como si nuestra cariñosa madre fuera. Nos
arropa, nos acepta y nos ayuda a sanar heridas. Que historias, dolores,
sentimientos y decepciones protege y escucha. Nos ama sinceros, dañados y melancólicos
como somos. No nos juzga, solo observa y calla, ofreciendo refugio.
Encontramos en el papel un edén, un paraíso en cual
descansar y reponer energías, somos sinceros, somos verdaderos. Pero sentimos
distinto, expresamos el mar en brama de nuestro interior en forma de escrito.
Hablamos mejor en papel y no nos ahogamos con nudos en la garganta. Solo con
manchones de tinta nos ensuciamos la ropa, las manos, el corazón y el alma.
Gritamos con signos de exclamación y letras mayúsculas.
Lloramos entre poemas, rimas e historias. Nos alegramos entre la prosa y los
cuentos, las novelas y los escritos del momento. Otros iguales nos comparten
sus historias y nosotros sinceros, les compartimos las nuestras.
Que sigan gritando y exigiendo que seamos iguales al resto,
nos importa menos que un cuerno. Somos diferentes, tenemos un refugio que
espera por nosotros, calmo y en silencio. Y nosotros agradecemos el asilo que
nos brinda dejando en ellos nuestro esfuerzo y talento.
Nos han bendecido con el don de las letras, expresarnos
puramente entre ellas con la simpleza de respirar. Mientras que nuestra
maldición es tratar de hablar y no poder expresar lo que nuestra alma lleva sin
perder la calma, los estribos o las lágrimas. Seamos de piedra frente a las
personas que no entienden el corazón lleno de tinta, que solo sabe hablar entre
prosa, rimas, cuentos y poseía.