Prometí que nunca volvería a caer con esa piedra otra vez, ya lo
había hecho muchas veces.
Prometí que sería fuerte nuevamente, no quería sentir ese dolor
helado otra vez abrasarme.
Prometí mantener las puertas abiertas para sentirme apoyada y
encontrar una salida.
Irónicamente el paisaje de aquellos años se vuelve a repetir,
rompí mi primer promesa.
En momentos como esté la fortaleza que mantenía ha desaparecido
y solo de ella quedan los pedazos rotos, ahí va mi segunda promesa destruida.
Sin notarlo siquiera, las puertas se cerraron y me he encerrado
en mi misma, sin confiar en alguien o tomar la mano que me tienden, olvide mi
tercer promesa.
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