Muchos días oscuros he tenido que pasar sola, desolada y
moribunda. Dolores que me han hecho caer de rodillas llorando como una niña
pequeña en busca de consuelo y deseando que todo pasará rápido. Hay incontables
cicatrices que adornan mi alma y mi cuerpo testigo de todo lo que he pasado y
he superado. Hay heridas que cicatrizaron otras que aún están en proceso de
hacerlo y no sé cuánto tiempo tomarán en cerrarse. He luchado contra todo lo que
la vida ha puesto delante de mí, he vencido y he ganado infinidad de veces.
Sé que en la vida hay mucha oscuridad, una oscuridad
asfixiante, dolorosa y por sobretodo aterradora. Te consume poco a poco y te
deja indefenso, con miedo y con ganas de abandonar todo. Hace creer que todo está
perdido, que ya nada tiene solución. Y uno piensa que esa es la solución. Que
dando fin a eso todo se terminará. Pero también la vida me enseño que hay luz,
aún en la más oscura y nebulosa oscuridad siempre existirá una luz que te
guiará fuera de allí. Que te tenderá una mano y será tu aliada fiel.
¿Y dónde encontramos esa luz? En las personas que la vida
pone en nuestro camino. Pueden ser personas que compartan tu sangre o pueden
ser personas que van a valer mucho más que esas quienes su sangre corre por tus
venas. A veces las personas más destrozadas y rotas son quién te salva, quién
te tiende la mano y quién te ayuda a avanzar. Ellos mejor que nadie conocen el
dolor de una cicatriz, el dolor de una pérdida o el sentirte perdida u
abandonada.
Esas personas son lo mejor que puede pasarte en la vida,
porque son fieles. Tienen cariño único y por sobre todo real. No importa que se
les sea difícil demostrarlo, tú sabes con sus acciones que están ahí. Que
existe, porque lo ves. Lo ves en sus ojos llenos de tristeza donde un ápice
cálido se asoma por ellos, lo ves en la forma de cuidarte, de prestarte su
tiempo, su consejo y su hombro para llorar. En esas charlas largas de diván o
esas risas por todo y por nada, esas sonrisas cómplices, esos abrazos sinceros
que, aunque escasos, te reconfortan el alma. Ese silencio que puedes disfrutar
y no sentir incómodo.
Esas personas valen su peso en oro aunque lo nieguen, aunque
no lo sepan. Porque son especiales, aún siguen luchando luego de tantos golpes.
Aún quieren seguir aquí luego de que la vida los decepciono. Si alguna vez
encuentras estas personas por lo que más quieras valorará, valora su singular
personalidad, ellos no tienen la culpa de ser así. Pero sin duda ellos sabrán cómo
ayudarte, como ser verdaderos amigos como guiarte en tu propia oscuridad.
Porque tu oscuridad es como la de ellos, porque la comparten y saben pelear las
mismas o parecidas batallas. Si encuentras a estas personas sé su luz, devuélvele
su ayuda con la tuya. Trata de ser también ese tipo de persona, porqué yo sé
que aunque tu también sientes que no vales y que tu ayuda puede ser nula eres
valioso. Porque vives, porque sobrevives, porque quieres seguir tu camino.
Porque eres humano.