Perdí la cuenta de cuantas lágrimas me he guardado, cuantas
tristezas han sido enterradas y no expresadas. Cuantos malos tragos han quedado
amarrados en mi garganta sin dejarme respirar y buscar una salida para
expresarme. ¿Acaso tanto miedo me da expresar mis emociones? ¿Tanto miedo tengo
de verme débil frente a los demás? Yo quién siempre apoyó a todos a seguir sus
sueños, sus ideales y sus metas, que les dice una y otra vez que deben
arriesgarse por lo que siente es la única cobarde que oculta todo. Que pretende
una felicidad que pocas veces está ahí.
Me gustaría saber cuál fue el momento en que mi sonrisa se
desvaneció por completo. Cuando me rehúse siquiera a tratar de sonreír aunque
sea falsamente. En qué momento el poco amor propio que tenía se fue y como el
miedo me embargo y tomó presos mis sentimientos. Obligándome a atar cada pesar,
cada tristeza, cada lágrima para que no se vieran. Decir “estoy bien” se tornó
tan monótono. Mi silencio es lo único que se hace notar y mi mirada parece ausente
desde no sé cuánto tiempo.
Siempre me referí como una persona llena de sueños, anhelos
y que deseaba realizarlos ahora no sé qué hacer. No sé cómo tomarlos, siquiera
si aún quiero tenerlos. Saber que el potencial está ahí, intacto, juntando el
polvo de la desesperanza. Pienso que solo mi corazón late por mera monotonía y
sentido de supervivencia. Que ya nada importa, que todo perdió el poco sentido
que tenía. Que los colores ya no brillan, solo tienen un aura grisácea que les
recubre y nada más.
Me desmorono a cada paso que doy y cada respiración que
sucede me es una agonía en vida. Me encantaría decir que puedo contra ello sola
que no necesito de nada ni de nadie, pero lo cierto es que lo que antes me
llenaba siquiera me satisface o llama la atención, que estoy pidiendo a gritos
una mano amiga que me ayude a transitar este oscuro pasaje que me he metido.
Necesito una luz, y la mía desafortunadamente se está extinguiendo poco a poco.
De qué sirve sentirte orgullosa de otro día más de vida cuando sientes que en
tu interior no hay nada que logré revivir ese ápice de color.
Siento que, como en aquel libro que tanto adoro, la caja de
fósforos en mi interior que se prende en cada ocasión especial por combustión
del momento se ha humedecido por completo. Que ya no me dará ese sentir cálido
en el pecho nunca más. Estoy marchita, llena de goteras y quebraduras por donde
se mire. Solo soy un ente que vive y espera al último respiro de si vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario