Nadie conoce lo que cargué sobre mis hombros durante estos años, lo doloroso que fue cada situación que sobrepase y pasé sola. Nadie sabe las lágrimas que sola derrame entre las sábanas de mi cama, ocultando mis sollozos entre las mismas almohadas. O el soporte que ha sido mi mascota en estos tiempos nublados.
Nadie conoce la tristeza, desesperación y desolación que conoce mi corazón y mi alma. Esa soledad arrasadora que hay en ella, que como un huracán rompe y destroza cada esperanza, cada anhelo o sueño que puede aspirar a crecer en mi interior. Dejándome totalmente vacía y buscando una salida a problemas que no los tienen. Solo que queda esperar y soportar la tormenta hasta que salga el sol.
¿Pero cuando esa tormenta va a parar? ¿Cuándo podré ver la luz del sol y sentir nuevamente la calidez abrazarme? ¿Cuándo podré dejar que una sonrisa verdadera se haga lugar entre mis labios nuevamente? ¿Cuándo dejaré de fingir una alegría que no está ahí, qué estoy tranquila a cada situación difícil que sucede? ¿Cuándo caerán las cadenas que apresan mis sentimientos que parecen desbordar cada día más, tomando una fuerza descomunal y que oprime mi pecho en busca de tan ansiada libertad? ¿Cuándo podré ser libre y dejar en libertad cada demonio que me aterroriza por las noches y no me deja dormir?
Quiero que esta interminable tormenta llegue a su fin o que la lluvia tan fuerte que golpea contra mi adolorido y cansado cuerpo se detenga un poco, que pueda disfrutar al menos de la calma de la lluvia que tanto tiempo me relajó y fue mi compañía. De la suave caricia que el viento helado da a mi rostro como consuelo, esperanzándome de que pronto todo pasará, que solo fue un mal sueño que me ha hecho más fuerte y luchadora contra lo que se avecina en un futuro. Que no me aliente a dejar las ganas de luchar contra viento y marea, de abandonar todo y dejarme hundir en el barro que me rodea cada vez más. De que mi alma ya no tiemble de miedo, soledad o desilusión.
Quiero volver a reír, a sonreír a pensar que la vida tiene sentido, que hay algo bello por lo cual vivir y seguir luchando por mis sueños aunque sean locos o simples. Quiero despertarme un día con ganas de comerme el mundo, no que el mundo me coma a mi. Que las sábanas no sean mi lugar feliz y que los sueños no sean mi escape de la realidad, que siquiera suelen serlo; solo son un recordatorio de lo que hay en realidad esperándome al despertar. Que nada va a mejorar y que todo podrá llegar a un final horroroso. Quiero una noche de paz, un sueño limpio y ligero, donde pueda sentir que todo irá bien aunque sea una vez.
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