Amor, eso que
pasamos nuestra vida buscando en cada rincón, en cada esquina, en cada momento.
Sin percatarnos que, tal vez, el amor está más cerca de lo que uno cree. Que está
en aquella persona que uno no ha tomado en cuenta por miedo a arruinar las cosas
entre ambos. Y no se percata de que, en muchas ocasiones, esas decisiones tan
arriesgadas y que parecen que nos dejarán el mundo en pedazos pueden ser las
correctas.
Que a veces hay que desechar esos
miedos y colocarnos nuevamente las alas y volar hacía ese futuro desconocido
que nos puede traer la persona correcta. Aunque pueda haber peleas,
desacuerdos, dudas y malos momentos el amor estará ahí, esperando a que la
tormenta pase para darnos a ver un hermoso paisaje cálido y colorido.
En muchas ocasiones no sabemos
apreciar lo que tenemos delante nuestro, idealizamos mucho a la persona amada y
lo que buscamos en ella. Buscamos algo perfecto, pero se nos olvida que también
es humano. Es tan humano como tú y como yo. Tiene errores, defectos, cicatrices
de sus batallas peleadas y por pelear, un pasado y un presente, sueños y
anhelos por los que luchar, malas costumbres y pesares que querrá olvidar y
curar solo o de la mano de la persona amada.
Pero no nos
detenemos a pensar en eso, no nos detenemos a pensar que el amor es algo de
dos. Solo queremos alguien completo que cuide de nosotros y nos repare. Cuando
en verdad muchas veces el verdadero amor se encuentra en alguien igual o más
roto que uno, pero aun así, nos ofrece su apoyo incondicional a cambio del nuestro.
Buscando también alguien que pueda ayudarle a pararse y seguir caminando.
Buscar hombro a hombro lo que él deseas y tú también pero sin olvidarse que les
une un sentimiento tan puro como es el amar.
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