Hoy me he dado cuenta de lo rápido que un corazón aún enamorado se puede helar en menos de un segundo. Como por una sola acción todo sentimiento albergado hacía una persona puede desaparecer al instante. Borrando esos dulces nervios en el estómago, esa sonrisa tonta que se formaba en tus labios, esos ojos que denotaban un brillo único en tu mirar; como todo eso se rompió y por mucho tiempo no volverá a reconstruirse.
Es raro como una persona puede hacernos volar y fantasear mil y un finales felices con él; hasta el punto de pensar "es la persona con la cual pasaré mis años de vida". Como alguien de un día para al otro, incluso, en un abrir y cerrar de ojos, sin darnos cuenta, se convierte en nuestro universo, nuestra razón de levantarnos a la mañana con una sonrisa en el rostro sin importarnos nada de lo que pueda suceder en el día.
Es hermoso todo ello, pero también es muy tonto. Nuestro destino y sentimientos dependen de una sola persona, ya que tiene nuestro corazón en sus manos. Hace y deshace lo que quiere en nosotros, y sin embargo nosotros obedecemos, pues claro, lo amamos. Y no nos damos cuenta del daño que nos produce, hasta que ya es tarde.Cuando todo ha pasado, de nuestros sentimientos y corazón solo quedan añicos en el piso. Y en muchos casos esos pedazos se cubren de hielo, difícil de derretir y atravesar; puesto que al pasar el tiempo la capa de hielo se hace más rígida y más impenetrable.
Nos convertimos en personas sin la posibilidad de amar hasta que llegue un valiente que se atreva a poder romper ese hielo que se formó, que cure las heridas que el quitar el hielo provocó, que con cuidado, tiempo y dedicación pueda armar nuevamente nuestro corazón. Aunque no sea una tarea fácil, puesto que no muchas personas se atreverán a derribar esas paredes de hielo que formaste. Pero ten paciencia, alguien vendrá a ayudarte.

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