miércoles, 4 de julio de 2018

To many things here

Y hay días que de nuevo hay que sacar el tintero y la pluma. Abrir la llave del corazón y dejar que la tinta del interior fluya. Hay que volver a ensuciarse las manos, el alma y el papel, hay que dejar que las palabras jueguen a las escondidas con los sentimientos y que los saquen de su escondite para que, uno a uno, vuelvan a estar impresos en verbos, pensamientos y reflexiones. Limpiar el alma y sacarse el peso de los hombros de la manera más natural que uno posea.
Hay que reinventarse las metáforas, verse al espejo y sacar de allí los miedos, tenerlos en frente, enfrentarlos y convertirlos en fuente de inspiración otra vez. Pelear con ellos, exprimirlos entre hojas y apuntes, tacharlos con tinta, borronearlos y por fin dejarlo en limpio. Sacarlos de circulación o hacerlos pequeños. Después de todo muchos de ellos vuelven a nacer aunque los mates bajo tus palabras, tus verbos y tu prosa. Pero no importa, porque al menos por unos minutos me siento libre, me siento ligera. Siento que puedo volver a agarrar mis armas y volver a la lucha. Buscar mi felicidad que a veces la veo tan lejana.
También hace falta volver a taponear esas goteras que deja la lluvia constante que mi interior alberga, a veces llueve despacio otras a prisa, con fuerza y con fiereza. A veces mete miedo, otras, como hoy, solo hacen eco y dan la oportunidad para que de nuevo las palabras salgan. Son la sinfonía que inspira estas palabras.
Y a veces pienso que en algún momento esta lluvia eterna debería parar. Pero también tengo miedo de que pase, porque ella me da la fuerza para que estas palabras salgan. Siento que es la musa que da origen a cada palabra que escribo, pero sé que podría hacer cosas hermosas desde fuera de ella. Aunque no lo sé, he pasado tantos años con ella que me da paz, que encontré la comodidad en ella y es mi clima natural, la he hecho mi esencia natural y no sé qué sería de mi si algún día se detuviera.
Pero también he aprendido a bailar bajo esta lluvia constante, he aprendido a encontrar lo bello en la herida abierta que a veces me gustaría que cerrara y también encontré grandes flores nacer en heridas ya cerradas. Creo que la lluvia las ha hecho crecer, va, no lo sé, el agua ayuda a que las flores aparezcan ¿verdad? Poco sé de botánica y sus cuidados. Una vez hasta un cactus pereció a mi cuidado. No pregunten cómo, solo paso, solo sé los significados de algunas flores y entre mis favoritas están las azucenas blancas que mi abuela cultivaba o el hermoso olor a jazmín que cada 4 de Diciembre aparecía en el jardín como un regalo a su dueña por su cumpleaños o ese hermoso no me olvides que grita en cada flor no desterrar a esa persona que amas de tus pensamientos, corazón o alma. Sé poco de plantas pero lo poco que sé, lo sé de alguien que amo más que a nada y le debo lo que soy y lo que seré también.
Solo sé que en jardín de mi alma habitan esas flores en mi interior y capaz un exótico flor de cerezo que ha dado vida a mi apodo por tantos años y me ha dado una hermosa metáfora de lo frágil de la vida y lo momentánea que esta es. Hay pocas plantas que crecen bajo esta eterna llovizna de mi interior pero cada una tiene su significado y su origen. Y por eso las amo, las respeto y las cuido a su forma de ser. Porque han sabido florecer, han sabido sobrevivir y dar origen a quién soy. Y aunque haya también malas hierbas a su alrededor, entre ellas se hacen espacio para florecer y sobrevivir. Dándome fuerza a mí para hacerlo también.
Hay muchas cosas en mi interior y que sobreviven a esta lluvia constante, como lo es aquel gato que me mira con sus ojos en ámbar buscando hacerme compañía mientras sortea las goteras que aún no reparo y busca no mojarse con las gotas de lluvia, mientras que me mira con enojo diciéndome a su manera que lo reparé o se irá. Pero sé en mi interior que es mentira, ha pasado cada tifón a mi lado y ha estado bajo las tormentas más tortuosas aun cuando ese techo no existía y ahora que he logrado un refugio para ambos sé que no me abandonará aunque pequeñas gotas caigan sobre sí.
Es un sabio compañero y agradezco la suerte de tenerlo junto a mí, después de todo su presencia ha logrado que la lluvia sea menos caótica o al menos la ha hecho más amena con sus juegos y sus maullidos. Y aunque a veces deteste que con su insistencia de atención me haga perder el hilo de mis letras no puedo enojarme mucho pues le debo mucho más que lo que suelo reconocerle. Después de todo no me pertenece y yo tampoco pero hemos hecho en silencio y de mutuo acuerdo una instancia de compañerismo que acabará con su partida. Mientras ello ocurra yo agradeceré su presencia, su inspiración y su forma de ayudarme a detener la lluvia que es panorama natural aquí dentro.
Debo confesar que para inspirarme antes de tomar el papel y la pluma tengo muchas cartas, algunas pequeñas y breves, otras ya amarillas y largas pero con igualdad de sentimiento e importancia, de distintas personas, algunas que ya no están otras que siguen de distinta forma. Pero todas llenas de amor, es cierto que en defensa propia he roto y tirado muchas pero no me arrepiento porque no necesito de esa letra manchada de engaño y mentiras que estaban. Y a veces cuando no sé qué escribir, me siento junto al gato a leerlas y sonreír por esos viejos tiempos que han hecho feliz a esta persona triste con vocación de alegre que trata de lograr sonrisas en rostros ajenos cuando la propia a veces se cae a pedazos y que en sus ojos si les prestas atención puedes encontrar a esa niña miedosa y llorona que oculta y no quiere dejar salir. Pero que a veces escapa y juega con el barro y bajo la lluvia que detienen sus lágrimas, cuando dejo la puerta abierta cuando mis letras bailan sobre el papel.
Y mientras leo aparece un lobo adulto con su pelaje grisáceo, que en silencio se sienta a mi lado y me observa curioso. Ya no recuerdo cuando llego aquí, solo recuerdo que era un pequeño cachorro cuando apareció. Creo que lo abandonó su madre, no lo sé, nunca hemos hablado de nuestros pasados, tan solo sé y creo que en la tormenta buscó refugio, encontró este lugar y se ha quedado. Le he visto crecer en silencio y él con su mirada atenta también me ha visto crecer unos años y madurar, creo que me ha visto más madurar que crecer. Pero calla, es prudente, aunque no sabe ocultar en su mirar lo que quiere. Pues es él el que me ha dado el pie a dar a conocer lo que hago, lo que escribo lo que siento, él es la fuerza que me empuja para seguir. Él es la fuerza de mi espíritu y aunque sé que está solo y necesita una manada cree que estando aquí tiene la suya. Rara. Pero la tiene. No sé si se irá algún día, no sé si se quedará, no sé si él esta aquí para enseñarme a liderar mi propia manada y aullarle a la luna para que me guíe en mi camino. Tan solo sé que esta y que también tiene sus tiempos, sus formas de hablar conmigo y convivir con el ambiente. Y lo agradezco, porque también él es parte de este lugar.
Y creo que sin darme cuenta otra vez he escrito lo que hay en mi interior de una forma nueva para mí y para ti; asombrando tanto al gato como a la niña y también al lobo, va creo que él no está sorprendido, tan solo está satisfecho y contento de que encuentre esta nueva faceta, que aquí también coexisten y a esta persona que entre letras escribe y deja correr la tinta que en lugar de sangre recorre su corazón. Pero no le desagrada el resultado que está obteniendo, al contrario le está gustando y no quiere dejarlo. Hasta recibe la aprobación de esa niña y del gato que la ven en silencio pero sabe interpretarlo luego de tanto tiempo sobreviviendo entre todos. Y también ve como la cola del lobo hace rato esta moviéndose, señal de alegría y de aprobación. Si, creo que me esta gustando esto. Creo que poco a poco encuentro el lugar para cada parte de mi, cada parte que representa este mundo interior. Y espero que como yo ustedes encuentren esa belleza que estoy encontrando en este lugar de loca fantasía, sonrisas rotas, alegrías silenciadas y de soledades compartidas.

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